Prestige

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    Editoriales de los principales periódicos con respecto a la manifestación de Nunca Mais en Madrid 2003-03-06

    ¿NUNCA MAIS, O TARDE Y MAL? (El Mundo)

    La tragedia del Prestige ha generado un mar de fondo, una marea viva que ayer llegó a la playa madrileña con una fuerza, desde luego, impresionante, pero con el desconcertante timing de un medicamento de efectos retardados. En efecto, hace ya tres meses y medio que se partió en dos aquella ruina flotante. Decenas y decenas de miles de manifestantes, encabezados por la oposición gallega y española, clamaron por una solución de la contaminación dejada por el petrolero y de sus múltiples consecuencias negativas. Culpaban ante todo al Gobierno español y a su correligionario, el Ejecutivo gallego, pidiendo dimisiones, sin mención apenas de los responsables directos de la desgracia ni, claro está, de lo que se haya hecho ya por aliviarla.
    Puede haber un pecado original en la actitud de las administraciones públicas ante la catástrofe: la decisión de alejar el barco en vez de meterlo en alguna ría. Pero al cabo de 100 días ésa sigue siendo una cuestión abierta al debate, que ningún experto ha zanjado aún de forma definitiva; o, si alguno la ha zanjado, otro igualmente cualificado ha venido a contradecirle. Lo que no ofrece tantas dudas es lo desafortunado de la reacción inicial del Gobierno, aquellos momentos de desconcierto en los que se instaba a los medios informativos afines a que no empleasen la expresión marea negra... Esa fase merece críticas, pero ya las recibió, y desde entonces han sucedido muchas cosas que ratifican una voluntad de arreglar los desaguisados iniciales, y sobre todo, los daños verdaderos, causados por agentes ajenos a nuestro país.
    Las desgracias medioambientales no son cosa nueva en España; muchas regiones las han padecido. La sufrida en Galicia ha hallado una respuesta -ciudadana en todo el país, política en sus instituciones- más decidida y financieramente cuantiosa que la mayoría. Las medidas sociales, económicas y ecológicas son una realidad. Comportarse como si nada se hubiese remediado desde el 13 de noviembre equivaldría a menospreciar todo lo que los ciudadanos y la Administración han hecho; es decir, sería una injusticia. La tardía protesta de ayer -una semana después de la manifestación contra la guerra, y con los mismos politicos en cabeza- algo tiene de ello.

    MANIFESTACIONES DE CENSURA (ABC)
    Ayer tenía lugar en Madrid otra masiva manifestación convocada por la plataforma «Nunca máis» (...) Por lo que se refiere a la manifestación de ayer en Madrid, que pretendía negar todo tipo de eficacia al Plan Galicia, aprobado por el Gobierno, hay que recordar el contenido de estas medidas que incluye indemnizaciones para quienes han sufrido las consecuencias del desastre ecológico, ayudas para la recuperación de las zonas afectadas y también cantidades asignadas para ayudar a la industria turística, una de las bazas fundamentales para la prosperidad de la región. Destinar 1.000 millones de euros a la regeneración medioambiental; 70, a la inversión en polígonos e incentivos industriales en las zonas afectadas; poner en marcha beneficios fiscales (reducción IAE y módulos de IRPF); créditos y ayudas al sector pesquero por valor de casi 50 millones de euros y un monumental plan de infraestructuras (AVE, autovía transatlántica y cuatro autovías interiores) no es precisamente no hacer nada.

    Es imposible no adherirse a unas reivindicaciones que repudian la guerra o que exigen que nunca más vuelvan a producirse catástrofes como la del «Prestige». También resulta fácil señalar aspectos en los que la reacción del Gobierno o su política informativa han sido deficientes. Pero cosa muy distinta es señalar al Ejecutivo como culpable de las consecuencias del hundimiento o como cómplice de una política belicista enemiga de la paz. Lo que habrá que determinar es la idoneidad de los medios para hacer frente a unos problemas debidos a causas ajenas. Y ninguna de estas cuestiones se sustancia con movilizaciones. La manifestación no es criterio de legitimidad.

    NUNCA MÁIS, EN MADRID (El Correo)

    Una gran marea humana, en buena parte llegada de Galicia, recorrió ayer las calles de Madrid en tono festivo, bajo el lema de la plataforma Nunca Máis. La desinhibición de los manifestantes y la melodía de las gaitas no ocultaron sin embargo la dureza de los mensajes, que incluían peticiones de dimisión en la Xunta y en el Gobierno central. A la distensión que se respiró en la marcha contribuyó sin duda la respetuosa recepción oficial a los manifestantes que Rato, en nombre del Ejecutivo, había realizado la víspera en un intento por todos los medios de restañar la herida gallega. De los slogans coreados en la marcha y del manifiesto final leído por Manuel Rivas en la madrileña Puerta del Sol se desprende que los congregados alentaban un doble propósito. De un lado, posibilitar la catarsis por la indignación acumulada tras las primeras y erróneas reacciones oficiales a la catástrofe del 'Prestige', que incluyeron la pretensión de restarle importancia y aun de ocultar la verdadera magnitud de la calamidad. De otro, recordar al Gobierno el serio revés que ha padecido la socioeconomía gallega, del que no se recuperará en años, y que requiere por tanto el acompañamiento constante de las distintas administraciones hasta la total recuperación.

    Es evidente que la protesta de Nunca Máis -y no sólo la que ayer se produjo en la capital del Estado- encierra también un cierto afán de capitalización política de la marea negra. Si es cierto que el Ejecutivo central y la Xunta mostraron falta de reflejos y cometieron crasos errores en un primer momento, también lo es que las instituciones reaccionaron poco después con energía para encauzar la solución del problema. El intento de denostar hasta la extenuación a quienes mostraron ineptitud en un primer momento es ya vano. Pero las elecciones están cerca y la tentación de buscar la instrumentalización política es inevitable. Sí es en cambio razonable que la opinión pública gallega reclame que la atención de Madrid no decaiga -la memoria de los políticos es frágil- hasta que hayan sido paliados por completo los efectos del desastre, al tiempo que se adoptan medidas eficaces para que la tragedia no se reproduzca en el futuro. En este sentido, la movilización ha sido tan legítima como útil, y merece la mayor solidaridad. Al Gobierno le corresponde ahora honrar las promesas realizadas para desactivar las dosis de hostilidad que ayer podían palparse al menos en una parte significativa de la sociedad gallega.

    LA MANCHA SIGUE (La Vanguardia)

    Cientos de miles de personas se manifestaron ayer en las calles de Madrid para protestar por la forma en la que se ha gestionado y se gestiona la catástrofe del petrolero "Prestige". Mariscadores, pescadores y el resto de los perjudicados, que llegaron desde diferentes lugares de Galicia, se convirtieron en los grandes protagonistas de una jornada de protesta celebrada cuando han pasado cien días del naufragio que ha provocado la mayor catástrofe económica, social y ecológica de Galicia.

    Coincidiendo con la manifestación, el comisionado para el naufragio del "Prestige", Rodolfo Martín Villa, ha anunciado que propondrá algunos cambios legislativos para afrontar en el futuro de forma más eficaz situaciones como la que Galicia sigue sufriendo. Y, al mismo tiempo, el comisionado también ha indicado que hay que seguir trabajando para mejorar la legislación internacional en materia de seguridad marítima. Las propuestas de Martín Villa son acertadas y no merecerían caer en saco roto. Se trata, evidentemente, de que la lamentable historia no vuelva a repetirse. Pero, además de mirar hacia el futuro, también hay que fijar la vista en el presente. Y el presente sigue siendo difícil cien días después del naufragio. La mancha no cesa.

    El balance es terrible. De Lugo al País Vasco la marea negra ha llegado a más de 700 playas, con lo que se pueden sumar casi 3.000 kilómetros de costa afectada. En total, la mancha sigue haciendo daño en más del 60 por ciento de las costas de la zona norte de España. Barcos anticontaminantes en alta mar, militares y miles de voluntarios se han esforzado en los últimos tres meses para limpiar las playas de esa pasta de arena y sedimentos bautizada como "chapapote". Pero, aunque los datos continúen siendo confusos, nada invita al optimismo. Se calcula que la cantidad total de fuel vertida al mar por el "Prestige" ha sido de unas 39.000 toneladas, pero el petrolero transportaba en el momento del naufragio unas 77.000 toneladas.

    El Gobierno ya ha puesto en práctica iniciativas para que la catástrofe no se repita y para resolver de manera satisfactoria los problemas creados y que siguen pendientes, especialmente en Galicia. Pero la multitudinaria manifestación de ayer por las calles de Madrid, al margen de la guerra de cifras, debe ser tenida en cuenta para que los esfuerzos para paliar la catástrofe continúen de forma decidida.

    LA MAREA LLEGA A MADRID (El Periódico)

    La manifestación demostró que Nunca Máis expresa, ante todo, la indignación cívica contra el Gobierno
    "Galicia despertó". Fue la síntesis que ayer se usó para describir la mayor manifestación que se ha hecho en Madrid para protestar por unos hechos que, al principio, se pretendió que sólo afectaban a una pequeña parte de la población y del territorio español. No ha sido así: desde que el Prestige zozobró en noviembre pasado hasta hoy, además del chapapote, se ha acumulado una marea humana de solidaridad con el pueblo gallego que ayer llegó hasta Madrid.
    El movimiento cívico Nunca Máis ha alcanzado más objetivos que el que se propuso al principio: lo que era una llamada a comprender la dimensión de la catástrofe ecológica se ha convertido en el mayor fenómeno de desgaste del Gobierno del Partido Popular y de la Xunta. Ayer se pidieron las dimisiones de Manuel Fraga y del ministro de Fomento Francisco Álvarez-Cascos. Las razones las aportaron los oradores que cerraron la protesta: "Queremos saber la verdad". Ya no se trata ni de cobrar indemnizaciones ni de escuchar qué se hizo para evitar la debacle ni de atender a los planes para que no se repita lo sucedido. El clamor de ayer era un nuevo aviso al Gobierno de que la crisis del Prestige sigue abierta.

    GALICIA ABIERTA (El País)

    Hace falta mucha audacia para elegir Madrid como lugar de celebración de una manifestación como la convocada por la plataforma gallega Nunca Máis. El evidente componente galleguista de esa plataforma, nacida en protesta contra la gestión por el PP de la crisis del Prestige, no se expresa hacia adentro, al modo de los nacionalismos parroquiales, sino como afirmación hacia afuera: en Madrid, buscando la confluencia con los ciudadanos de la capital que comparten su irritación por la arrogancia con que los dos gobiernos con mayoría absoluta, el de Fraga y el de Aznar, se han comportado en la crisis, y con todos los demás españoles que se han identificado con el drama gallego y, en particular, los jóvenes voluntarios que han colaborado en las tareas de limpieza de la costa.

    La participación volvió a ser numerosísima, lo que es un síntoma más de la sima que se está abriendo entre el Gobierno y la opinión pública. Por supuesto que son los votos, y no las manifestaciones, los que dan y quitan legitimidad para gobernar; pero ningún Gobierno podría dejar de tener en cuenta este creciente alejamiento: con el mundo laboral, a raíz del decretazo; con Galicia, la juventud, los ecologistas, el pacifismo y la Iglesia, en relación al Prestige y la guerra. No parece casual que los sondeos comiencen a registrar la hipótesis de una victoria socialista en 2004.

    Los manifestantes pedían la verdad y exigían responsabilidades políticas. La resistencia a una investigación parlamentaria ha irritado a gentes no especialmente críticas con el Gobierno. El PSOE acaba de solicitar la creación de una comisión de investigación en el Congreso, y los servicios jurídicos del Parlamento gallego han desautorizado la pretensión del Gobierno de que esa Cámara no tiene competencias para solicitar comparecencias de altos cargos dependientes de la Administración central. El asunto sigue, por tanto, abierto, y lo seguirá mientras nadie asuma la responsabilidad política por el desastre.

    Hubo motivos para que dimitiera un Fraga que había desertado de su responsabilidad para irse de caza, y también para que lo hicieran los ministros de Fomento y de Medio Ambiente. Asumir responsabilidades es dimitir, no decir que se asumen. En lugar de eso, culparon a la oposición, a la prensa, al mal tiempo, y cometieron el error de identificar una iniciativa tan popular como la de Nunca Máis con un partido, el BNG, e incluso el fiscal general ordenó una investigación de esa plataforma. Ayer tuvieron la respuesta a tanta arrogancia y tanto desenfoque. El manifiesto que dio fin a la marcha podría ser la bandera de un galleguismo de nuevo cuño que evite narcisismos étnicos y busque su afirmación, como leyó el escritor Manuel Rivas, frente a todas las "actitudes de inhumanidad", como el terrorismo, los dictadores y la guerra.

    NUNCA MÁIS!
    NON Á GUERRA

    Gracias a Martin Pawley que me los hizo llegar, y pedirle disculpas por el retraso en publicarlos.

    Enviado por akin a las 00:57 | 1 Comentarios | Enlace


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    Comentarios

    1
    De: Justicia Fecha: 2006-03-01 19:55

    espero devolváis el dinero que nos robásteis a los marineros, hijos de puta ladrones



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